Tras unas merecidas vacaciones retomo el blog con una entrada muy esperada. En este artículo voy a hablaros de la primera toma de contacto que tuve con mi nueva moto, nada más sacarla del concesionario. Muchas de mis opiniones se repetirán de artículos anteriores, pero voy a recopilar mis opiniones iniciales antes de tener la moto, en contraste con esta primera experiencia de conducción. Lógicamente a lo largo de un mes he ido descubriendo muchas más cosas sobre ella, pero en este artículo voy a remitirme a la impresión incial. 

Un amigo me llevó al concesionario en su coche. Como llegamos un poco antes de lo previsto vimos a la comercial terminando de “abrillantar” la moto. Nos mostró un producto con el que dejaban todas las motos del concesionario relucientes. Luego firmé y me entregaron todos los papeles. Me dijo que esperara a su compañero que me sacaba la moto afuera. Le dije que no se molestase, que ya la sacaba yo.

Al ser tan ligera, se maniobra con mucha facilidad. Al tener una horquilla invertida, el ángulo de giro es algo menor, pero empujarla no cuesta nada. La agarradera de atrás, situada a continuación del sillín, es un buen asidero para mover la moto en espacios pequeños. Incluso pude arrastrarla lateralmente para darle la vuelta completamente, aunque sobre la acera hacer esto es un poco más complicado. Sin embargo, sobre el suelo de cemento del garage o sobre baldosas sí que se puede desplazar de este modo.

Una vez fuera, mi amigo y yo la comprobamos de arriba abajo. Con la que nos prestaron para hacer la prueba tuvimos un problema con los intermitentes: no funcionaban los intermitentes traseros, y al mirar por debajo del guardabarros descubrimos que los cables estaban pelados porque se habían soltado de la guía y habían rozado con la rueda. Por eso lo primero que hicimos fue ver los cables y si los intermitentes funcionaban bien. Todos los cables estaban en sus guías, los amortiguadores y la horquilla se comportaban correctamente, y el manillar giraba suavemente. Todas las luces, interruptores, los pilotos, manetas y palancas funcionaban, como tiene que ser. Parece obvio, pero no sería la primera vez que oigo historias de piezas de vehículos que venían mal montadas o defectuosas de fábrica y que no se habían probado hasta pasados varios meses.

Antes de arrancar siempre es conveniente preguntar con cuánta gasolina te la entregan. Nos dijeron que sólo tenía la reserva llena, así que me daría para unos 100 km en circunstancias normales, suficiente para llegar hasta casa tranquilamente y repostar en mi gasolinera habitual. Antes de arrancar puse el grifo de la gasolina en posición de reserva, para que no empezase a pegar tirones en mitad del trayecto.

Al arrancar hay que tener en cuenta tres cosas: el interruptor de la corriente tiene que estar en la posición correcta, la pata de cabra subida y la maneta de embrague totalmente apretada. Si no el motor de arranque no gira. En otras motos solía arrancar en punto muerto pero con el embrague suelto, y costó dar con ello. En esos momentos te asustas y piensas que te han timado y se te cae el alma a los pies, pero al final suele ser una tontería como ésta. Sin embargo, se agradece esta medida de seguridad que evita que pegue un tirón si nos dejamos una marcha engranada.

El sonido del motor es bastante sorprendente, incluso estando el motor frío. De hecho, tiene un sonido “más serio” y un poco menos “a cafetera” que otras motos de 125 cc. También preguntamos en el concesionario por el rodaje, y nos indicaron que no pasáramos de “medio puño”, es decir, no acelerar más de la mitad del recorrido del puño del acelerador. En el manual del usuario dan unos cuantos consejos que mencionaré en otro artículo.

En este primer viaje pude probar la moto en diferentes circunstancias, ya que literalmente tuve que atravesar todo Madrid para llegar a casa, y pude confirmar que es ligera pero estable, muy maniobrable y muy cómoda. Demostró tener mucho nervio al arrancar, lo que nos fuerza a cambiar rápìdamente a segunda. Esto es una ayuda en una ciudad con tantas cuestas como Madrid, pero se agradecería aguantar un poco más la marcha. También, debido a esto hay que tener cuidado hasta que uno se acostumbra al embrague, ya que más de una vez arranqué con demasiado ímpetu.

En cuanto al cambio de marchas, es una gozada. La palanca tiene cierto recorrido, pero es suave y se notan muy bien las transiciones. Además, encontrar el punto muerto es muy sencillo, cosa que en otras motos me ha parecido una pesadilla.

En una ocasión tuve que frenar en seco, cosa nada recomendable en el primer viaje. Las pastillas de freno están todavía demasiado nuevas y no funcionan tan bien como debieran. Además, tuve que bajar varias marchas estando en parado, y esto no le gusta nada. De hecho el cambio no conseguía bajar de segunda a punto muerto o a primera. Es algo que asusta mucho las primeras veces, pero he podido comprobar que le pasa a todas las motos “humildes” con cambio manual de vez en cuando. Se arregla dejando caer la moto un poco o empujándola un pasito, de forma que todo dentro del cambio quede alineado, y entra primera sin problema.

También hay que tener cuidado con los neumáticos cuando están tan nuevos. No es aconsejable tumbarse demasiado en las curvas, ya que no tienen tanta adherencia como cuando empiezan a estar un poco desgastados, lo cual puede afectar también a la frenada.

Para rematar la faena de este primer viaje, también pasé por una calle en obras (qué raro, Madrid en obras). Fue perfecto para probar la suspensión, que resultó ser bastante blanda en los amortiguadores traseros y algo más firme en la horquilla. En un artículo posterior mostraré cómo ajustar los amortiguadores, pero de momento la configuración inicial está bien para conducir cómodamente por el asfalto de la ciudad.

Sin embargo, cuando estaba llegando a casa me di cuenta de que la luz del intermitente derecho parpadeaba demasiado rápido, lo cual suele significar que algo va mal. Y en efecto, ya en el garaje pude ver que el intermitente trasero derecho no funcionaba. Me extrañaba mucho que después de haberlo visto funcionar en el concesionario ahora se hubiera estropeado. De todos modos, se lo comuniqué rápidamente al concesionario, que me dijeron que llevara la moto sin ningún problema. Pero lo que menos me apetecía era volverme y dejarla en el taller, así que abrí yo mismo el la carcasa y vi que simplemente se había soltado la bombilla del casquillo. Después comprobé las demás bombillas, por si acaso, y todos los intermitentes estaban algo flojos, así que en otro artículo enseñaré cómo abrirlos y comprobarlos.